Recientemente,
la industria tabacalera ha tenido unas excelentes noticias.
El gobierno va a ayudarle a que enganche a nuestros
hijos.
En el camino entre mi casa y la oficina se encuentra
el instituto donde van dos de mis hijos. Me encanta
observar a los alumnos - tan guapos con la energía
de su juventud, con su esperanza para el futuro, su
optimismo, su piel radiante, mejillas rosadas.
Existe una inocencia y vulnerabilidad encantadoras que
acompañan al deseo que tiene el adolescente de
volverse mayor. Me parte el corazón ver que tantos
fuman y me hace hervir la sangre el hecho de que los
mismísimos cuerpos gubernamentales que deberían
de estar protegiéndoles, les han vendido a la
industria tabacalera – por interés propio,
corrupción o sencilla idiotez.
Es doloroso imaginar cómo van a estar estos mismos
niños dentro de 25 años: con mal aliento,
dientes manchados, la piel prematuramente envejecida,
con fatiga. Es doloroso pensar en la enfermedad y sufrimiento
que les espera por ser fumadores.
Más del 90% de los fumadores que veo en las sesiones
que imparto, empezaron a fumar comprando cigarrillos
sueltos en el quiosco. El gobierno, mientras que por
un lado vocifera sobre el endurecimiento de la ley,
a la vez la invierte para volver a permitir la venta
de cigarrillos en quioscos. ¡Qué hipocresía!
Quienquiera que sea el responsable de este cambio en
la ley tiene que ser o corrupto o un imbécil
total. ¿Cuántos niños se engancharán
a la nicotina como resultado directo de este cambio
en la ley. ¿Cuántos nunca van a poder
desarrollar todo su potencial?
La implantación de la normativa antitabaco en
España es risible. El objetivo de las directrices
europeas en el 2001 fue controlar el uso del tabaco,
no impedir a los fumadores que fumaran, sino de manera
muy razonable fue para proteger a estos mismos niños
que acabo de mencionar y a los no-fumadores del efecto
cancerígeno demostrado del humo del tabaco.
La implantación de estas directrices no es difíc,
siempre y cuando existe un auténtico deseo de
hacerlo. Sólo hay que ver lo que ha ocurrido
en otros países miembros de la UE.
Sin embargo, aquí en España, tanto el
gobierno regional como el central ha fallado en hacerlo
de modo espectacular. El cinismo y el desvergonzado
interés propio de los políticos responsables
quita el aliento. La caza de nuevos adictos es crítica
para una industria que vende un producto que, si se
emplea tal como se pretende, matará a la mitad
de los que lo consumen reduciendo de modo drástico
el bienestar de todos que lo emplean.
Así que, tal como he dicho antes, las noticias
son buenas para la industria tabacalera: el gobierno
te ayudará a obtener más adictos. Malas
noticias, por supuesto, para los jóvenes…
habéis sido traicionados.
Para más información contactar con:
Geoffrey Molloy oRhea Sivi
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