¿Por qué no intentar tener menos y estar más?

La mejor manera de apreciar tu trabajo es imaginarte sin trabajo.

Para la mayoría, han terminado las vacaciones de verano. Has vuelto a tu lugar de trabajo, puede que con un bronceado radiante y todavía con algún grano de arena entre los dedos. Tus compañeros de trabajo te preguntan, “¿Qué tal las vacaciones?” Puede que tengas que resistir el impulso de tirarles con tu teclado o clavarles un lápiz afilado. ¿Por qué te sientes así, entonces? Es muy probable que hayas pasado unas vacaciones excelentes – la decisión más difícil siendo qué comer o qué bañador ponerte. Puede que redescubrieras algo que tomaste por sentado siendo niño – que es suficiente estar sin tener que hacer algo. No es de sorprender, entonces, que la vida normal parezca tan vacía e incluso sin sentido.
La clave ahora es poner tu vida actual en perspectiva y apreciar el hecho de que muchas personas ni siquiera tienen trabajo, ni el lujo de poder irse de vacaciones. Por muy humilde que pueda ser, aprecia que tienes casa, tus relaciones, tus amigos, agua potable, comida. Si has pasado tus vacaciones en un país en desarrollo no tuviste que mirar lejos para ver que no todos los humanos tienen estas cosas. Muchos padecen hambre, pobreza y enfermedad. Utiliza este contraste como una oportunidad para liberarte del deseo de consumir – algo creado y hecho insaciable por las grandes industrias; la de las comunicaciones, la televisión, políticos, padres y la presión social. En vez de esto, céntrate en lo que verdaderamente necesitas: intimidad, seguridad física, comida, agua, sentir que contribuyes y que estás conectado con la vida y con las personas a tu alrededor. Para leer más pincha aquí….
Puede que encuentres difícil apreciar estas cosas sencillas cuando te preocupan los efectos de la crisis. Sin embargo, la crisis también nos presenta la oportunidad para hacernos más conscientes de la relación entre lo que ganamos y lo que gastamos. Cuando las cosas van bien, es fácil perder la perspectiva de nuestro consumismo compulsivo – no importa si son cosas ‘pequeñas’ como un móvil nuevo, zapatos nuevos o cosas más grandes como un coche nuevo o casa nueva – la diferencia entre lo que necesitamos y lo que queremos se vuelve borrosa. En una crisis tenemos que preguntarnos con más frecuencia, “¿Verdaderamente necesito esto o es que lo deseo?” “Es algo que necesito o algo que deseo.” Da un saltito a la próxima pregunta, “¿Por qué deseo esto? O “¿Cómo me llegó el deseo en primer lugar?” Adoptar esta actitud te ayudará a darte cuenta de que cuánto más deseas, tantas más horas tendrás que trabajar. La felicidad se pospone por las prisas en adquirir cosas.
No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

Estar en vez de tener
Nos han lavado el cerebro para desear cada vez más cosas; y para muchos, esto se ha convertido en un hambre constante. Cuánto más deseas, tanto menos seguro te sientes, lo que significa que tienes que trabajar cada vez más para conseguir un dinero adicional y comprar esas cosas extras, lo que llena el vacío momentáneamente y luego te deja con un sentido aún mayor de hambre. Trabajas demasiado, te encuentras demasiado cansado o estresado para cuidar lo que es verdaderamente importante – las relaciones importantes con las personas más cercanas a ti y contigo mismo. Cuando persigues estos deseos fabricados, descuidas tus verdaderas necesidades.

¿Por qué no intentar tener menos y estar más?
Incorpora Estar en tu día. La mayoría de nosotros entendemos que la única cosa que existe verdaderamente es el presente – aquí y ahora. Sin embargo, pasamos la mayor parte de nuestras vidas perdidos en nuestros pensamientos sobre el futuro o el pasado. Perdemos la mayor parte de nuestras vidas porque no estamos en el presente, igual que una casa en la que las luces están encendidas pero no hay nadie. Trae tu atención al presente. Un buen momento es por la mañana cuando te lavas los dientes o cuando te estás duchando. En vez de pensar en lo que tienes que hacer hoy, céntrate en tus sentidos, la sensación del agua y el jabón en tu cara, tu piel… ¿Por qué no dedicar algunos momentos durante tu día de trabajo para estar presente y atento a tu cuerpo? Permite que tu atención escanee tu cuerpo ligeramente. No intentes cambiar nada; sólo permítete observar cómo se siente tu cuerpo. Si tienes a niños pequeños, permite que te enseñen cómo estar en el presente. Sumérgete completamente en jugar con ellos. Cuando observas cómo un niño de tres años juega, te das cuenta rápidamente que está plenamente atento al presente; está completamente metido en lo que está haciendo. No le preocupa ni lo mal que lo podrá pasar cuando sea adolescente, ni al día siguiente. Está simplemente aquí y ahora. Aprende a observar y verdaderamente fijarte en lo que está pasando alrededor de ti. Cuando hagas esto, crearás algo de espaciosidad mental y empezarás a conectar con lo que verdaderamente necesitas, en vez de ser víctima de querer lo que otros quieren que quieras.

Acostúmbrate a sentirte agradecido
Igual que estar atento al presente, el agradecimiento tiene el poder de transformar la experiencia de tu vida y tu vida, de cambiar tu perspectiva. En vez de centrarte en lo que te hace infeliz, acostúmbrate a sentir agradecimiento por todas aquellas cosas buenas que tienes en tu vida. No te quejes de tu trabajo. Agradece el hecho de que tienes trabajo. Puede que estés pensando, “¡Para ti es fácil decirlo pero tú no tienes el jefe que yo tengo!” Si tienes un jefe difícil, recuerda que no es una situación permanente. Míralo como una oportunidad para aprender cómo tratar con un jefe difícil, algo que te será útil durante toda la vida. Recuerda que sin el contraste del trabajo, las vacaciones no parecerían nada especiales. No tengo que mirar lejos para encontrar cosas por las que estoy agradecido: soy libre, tengo salud, mis hijos son hermosos y prosperan; vivo en un país donde no tengo que temer por mi vida; tengo casa, comida – más que suficiente, agua limpia para beber, una mujer maravillosa, atractiva, trabajadora que me quiere. Estoy agradecido también por los momentos difíciles ya que me dan la oportunidad para aprender lecciones importantes y a veces difíciles. El agradecimiento es la llave para el crecimiento personal y bienestar.

Conviértete en fuente de buena voluntad
En vez de correr por ahí sumergido en tu ‘universo centrado en mí’, con contacto muy superficial entre tus compañeros de trabajo y otros humanos, conviértete en fuente de buena voluntad. Cada vez que tengas que interactuar con otra persona o criatura, deséale todo lo mejor desde la profundidad de tu corazón. Verdaderamente deséales felicidad y bienestar. Deséales lo mejor. Esto lo puedes hacer en tu mente.

Recrear
Todos tenemos lugares que son especiales para nosotros, lugares donde tenemos un sentido de paz, donde nos sentimos unidos con la naturaleza; lugares que tienen el poder de recargar nuestras pilas. Para mí uno de estos lugares es la playa de Liencres, a unos 15 minutos de mi casa. Cuando me encuentro con necesidad de tener un ‘chute’ de positivismo o crear un sentido de tranquilidad pero no tengo la oportunidad de alejarme de mi mesa queriendo dejar de estar sumergido en mi trabajo, cierro mis ojos durante unos minutos y me recreo imaginando que estoy sentado en esta playa un día de invierno. Imagino la sensación de estar sentado en la arena con la espalda recta, oliendo el olor yódico del mar. Siento el viento en mi cara, escucho el siseo y rugido de las olas grandes que rompen en la orilla; veo la blancura intensa de la espuma, el cielo fuertemente lleno de lluvia. Descanso sobre la sensación de sosiego. Sólo hacer esto, hace que mi cuerpo se llene de un sentido de bienestar y paz.

Puede que encontraste un lugar en tus vacaciones donde te permitiste estar en el presente. ¿Por qué no visitar este lugar otra vez en tu imaginación – emplear tus sentidos para revivir el recuerdo plenamente: los olores, puede que el sabor de alguna fruta exótica?

Estos simples ejercicios y actitudes tienen el poder de transformar tu experiencia, de dar más sentido a tu vida, de crear claridad tanto en el pensamiento como en la visión. Pruébalo durante las próximas tres semanas y observa qué tal te sientes.

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No cedas las llaves de tu felicidad a otros

Hace unas semanas escribí que cada uno pasamos nuestras vidas en nuestra propia burbuja de “un universo centrado en mí.” Estamos tan ocupados pensando en nuestro propio futuro, por cómo las cosas nos podrían afectar a “mí” (¿esto es bueno? ¿esto es malo?  de ningún interés tal vez), que nuestras interacciones con los demás se vuelven superficiales. Cuando saludamos a alguien, un compañero de trabajo o la dependienta en la tienda donde compramos el periódico, puede que le preguntemos qué tal están pero tenemos que coger su respuesta por encima del hombro mientras corremos con prisas a nuestra próxima reunión importante o estamos perdidos en planificar la próxima cosa que tenemos que hacer. Cuando nos comportamos constantemente así, limitamos nuestra conexión con los demás y el momento presente o se vuelve inexistente. Estamos totalmente perdidos en nuestros pensamientos. Verdaderamente ver a la persona delante de ti, desearle todo lo mejor es una buena manera de conectarnos con el presente, penetrando nuestra burbuja y haciendo esa conexión con la persona.

Algunas personas me comentaron que tomaron un paso más allá y eligieron realizar actos de bondad o actos conscientes de cortesía a propósito cuando surgía la oportunidad. Sin embargo, para algunos, en este momento es cuando empezaron los problemas. Un cliente me comentó, “dejé que el hombre cruzara la carretera delante de mí y ni siquiera me dio las gracias, incluso tuve la impresión que andaba más lento a propósito, como si estuviera burlándose de mí.” Había varias comentarios parecidos pero en esencia todos comunicaron la misma idea de que no recibieron agradecimiento por lo que habían hecho.

Esperar gracias, o agradecimiento por un acto de bondad o por ayudarle a una persona es fútil y contraproducente. Cuando haces un acto de bondad, entonces el privilegio es tuyo; da las gracias por esa oportunidad. Recuerda, nadie tiene la obligación de conformar con tus expectativas; nadie tiene la obligación de comportarse cómo tú crees que deberían hacerlo. Si esperas gracias o agradecimiento, entonces estás cediendo las llaves de tu felicidad. Estás haciendo que tu felicidad dependa del comportamiento de otro – de un compañero de trabajo o incluso de un desconocido total. ¿Por qué diablos quisieras hacer esto? Tu felicidad y bienestar son demasiado importantes. Tendrías que ser un idiota total confiar tu felicidad y bienestar en manos de otra persona. Si puedes ayudarle a otro, celébralo. Tu premio es esa ola de bienestar interno que experimentas como consecuencia. Cuando se te presente la oportunidad para ayudarle a una persona, hazlo rápido y con alegría. Mentalmente da las gracias por la oportunidad de ayudar. Ahora, si esta persona te da las gracias o reconoce tu bondad, considéralo como un “plus” extra.

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¡Socorro! ¡No puedo parar de pensar!

La meditación en 10 minutos

Es irónico que las personas que más necesitan gestionar su estrés sean las personas que creen no tener suficiente tiempo para hacerlo.

Puede que estés muy ocupado pero sí, puedes encontrar 10 minutos al día.

Te invito a que pruebes nuestro módulo de 10 minutos de meditación y estar presente en el presente. En este módulo desmitificaré la meditación y estar presente en el presente y muy rápidamente aprenderás dos habilidades muy eficaces para gestionar el estrés y la ansiedad e incluso evitar la depresión.

Hace muchos años mi profesor de meditación me dijo “la mayor parte de nuestro sufrimiento está causado por pensar demasiado.” En aquel momento no entendí plenamente la sabiduría profunda de aquellas palabras. Pero piénsatelo un instante: cuando nos sentimos estresados, normalmente es porque nos hemos perdido en nuestros pensamientos. Nuestros pensamientos van a toda velocidad imaginando el futuro con mucha ansiedad o reviviendo alguna conversación o evento del pasado. En otras palabras, estamos perdidos en nuestros pensamientos.

Reflexiona un momento. Pasamos la mayor parte de nuestras vidas con el cuerpo en un lugar y nuestras mentes en otro. Puede que estemos comiendo pero estamos pensando en lo que tenemos que hacer después. ¿Cuándo fue la última vez que saboreaste un vaso de agua? Normalmente lo bebemos de un trago, impacientes por empezar la siguiente tarea.

La mente es como un lago profundo. Cuando la superficie está tranquila es como un espejo perfecto. Podemos ver reflejados al mundo y a nosotros mismos perfectamente en él. Respondemos de modo apropiado a los eventos. También podemos ver lo que hay dentro del lago. Los pensamientos son como piedras que arrojamos en el lago creando ondas. Si tiramos piedra tras piedra en el lago, pronto la superficie se vuelve muy agitada y no podemos ver nada reflejado en ella, ni ver lo que yace en el fondo.

Cuando la superficie de nuestra mente está agitada, no nos vemos a nosotros mismos con claridad. Nuestra mente se siente abarrotada, apretada. Perdemos cualquier sentido de espaciosidad, de tranquilidad. Perdemos claridad. Muchas veces no tenemos la más mínima idea de cómo nos sentimos o del porqué nos sentimos cómo nos sentimos. Nos sentimos estresados y ansiosos, muchas veces sin entender el porqué. Lo que necesitamos hacer es encontrar una manera de tranquilizar la superficie de nuestras mentes. Estar presente en el presente es una manera de hacer justamente esto. Estar presente en el presente tranquiliza la superficie del lago. La meditación es simplemente el mejor entorno para estar presente en el presente. Es una habilidad que se puede desarrollar. Con la meditación y estar presente creamos un sentido de espaciosidad y recuperamos claridad sobre nuestras emociones, nuestros cuerpos y nuestros pensamientos.

Así que, ¿Qué es estar presente en el presente? Es simplemente estar aquí y ahora en el presente. Significa prestar nuestra atención aquí y ahora. Hasta que no nos centremos en el presente, pasaremos nuestro tiempo en el futuro y pasado, simplemente no experimentamos nuestras vidas. Piénsalo. Experimentamos sólo una pequeñísima fracción de nuestras vidas. Puede que pienses “pues, esto no parece mucho,” pero si recuerdas los momentos de estrés en tu vida, ha sido cuando has estado completamente perdido en tus pensamientos. Estar presente en el presente te saca de este modo de estar pensando compulsivamente, lo que inmediatamente corta el proceso de acumular el estrés. Crea claridad. Esta claridad te permite ver lo que está ocurriendo. Puede que veas una emoción con claridad. Una vez veas la emoción, la puedes soltar, lo que a su vez proporciona un sentido de alivio, de ligereza pero para poder soltarla, primero tienes que verla.

Si quieres aprovecharte de los beneficios de la meditación y de estar presente, y aprender cómo reducir el estrés de tu vida, pincha en el siguiente enlace: consejos de meditacion

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Sé un faro de buena voluntad

Sé un faro de buena voluntad

Se un faro de buena voluntad

Pasamos la mayor parte de nuestras vidas en un “universo centrado en mí”. Nuestros pensamientos se ocupan de “¿Cómo me afectará a mí? ¿Qué significa esto para mí?” Vivimos dentro de una burbuja de pensamientos y preocupaciones en un “universo centrado en “mí”. A veces, nuestra burbuja da con las burbujas de otras personas. Uno de los resultados de esta manera de vivir es que la mayoría de nuestras interacciones se vuelven superficiales y tenemos poca conexión auténtica con otras personas. Puede que deseemos los buenos días a una persona pero el deseo muchas veces lo decimos de manera mecánica y actuando inconscientemente. Saludamos a una persona pero puede que ya hayamos avanzado unos metros por el pasillo, antes de que la otra persona pueda contestar. No experimentamos el momento; nuestro cuerpo está ahí pero hay poca o ninguna conexión ya que nuestras mentes están preocupándose por el futuro o el pasado. Hacemos esto porque creemos que no tenemos tiempo. Pero ¿esto es verdad? Te planteo que la falta de tiempo no es el problema, sino la actitud. Me gustaría sugerir lo siguiente: Intenta el siguiente cambio de actitud y observa cómo mejora TU vida.

 

 

Conviértete en “faro de buena voluntad y alegría”. Cuando le deseas buenos días a una persona, o le saludas, dilo de corazón. No importa si la persona es compañero de trabajo, miembro de tu familia, la camarera donde tomas el café, el guardia  de seguridad o el quiosquero donde compras el periódico. Cada vez que te relacionas con alguien deséale alegría, felicidad con sinceridad, deséales lo mejor en cada aspecto de sus vidas. Obviamente, sé apropiado, no necesitas decir  nada en voz alta ¡no querrás que la gente piense que estás loco! Pero dentro de ti, desea a esta persona lo mejor en cada aspecto de su vida y observa cómo eso mejorará tu propia vida.

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